(Narrativa)
Con un andar de hombre ilusionado, despertando sus sueños en una mañana desvelada, donde el rocío invisible desaparece junto con la oscuridad de una noche de sueños encantadores, se dirige a la misma ventana donde mira el amanecer de otro día que nace en el mundo de la fe.
Allí, en aquella ventana, aquel iluso contempla el azulado cielo que se despidió una vez más de la oscuridad, para hacerse más azul en un nuevo día, cielo donde nubes dibujan el rostro de la mujer de la razón de este escribir...
La brisa aventurera decidió estacionarse en la ventana de aquel hombre que solo siente un suave frío que entra por su ventana.
Una taza de café es quien acompaña aquel hombre, que a pesar de haberla conocido bajo una luna y el estelar estrellar de una noche, mientras admira el amanecer, recuerda aquel cautivador vestir, aquella sonrisa, aquel rostro, aquel pelo corto, recuerda los ojos motivadores de aquella chica en los destellos del sol, si, un sol erguido que despierta a toda aquella vieja ciudad, que despierta los peces que dormían en las aguas desdeñadas de un lago que brilla por el resplandecer del sol, sol que hace fundir con su calor las letras que traza aquel hombre en el papel que vino de la ciudad de los árboles.
Si, el sol que despierta a todos en la cansada ciudad, que despierta al pescador, que despierta al maestro, que despierta al aprendiz, que despierta al anciano que se sienta a leer el periódico, que despierta al pintor, al enamorado, al aventurero, al sabio, al pensador y al no muy pensador, si, que despierta a todos estos y muchos mas...
Si, es el mismo sol que despertó a aquel hombre que cada mañana mira por su ventana, hombre que ya está terminando de escribir en su ventana, el mismo sol que despertó aquella dibujante atesorada, si, que despertó a la chica de pelo corto, la chica que aquella noche tenía un radiar, si, un radiar, el radiar más hermoso que el de este mismo sol...
Win..
Cabimas, Edo. Zulia, Venezuela...
2012