martes, 2 de abril de 2013

En un común atardecer...


El escritor gritaba que no había inspirar sin ella...

El recuerda cuando le dijiste que estaba delirante, y ahora estás letras ríen en la demencia de la mirada del anciano bohemio de la esquina...

Tantas noches y tan pocos amaneceres...
Amaneceres…

¿Sientes como se hunde la aguja lentamente en la pupila?, ¿Estás sintiendo?
Cada letra rasgando tu rostro...
¿Aun no ves?

Lo infantil de aquellos versos... ¿No los olvidas?

La tinta que manchó aquel arco iris que dibujamos...

Cuando vimos como se incendiaba nuestro alrededor en los ojos de aquel espejo...

Eramos tan prematuros, apenas habíamos escrito unos cuantos versos en este vida, en este libro humano, desperfecto e imperfecto...

Subimos por la escalera de la casita en el árbol, las nubes quisieron llorar ese día, esa lluvia... No nos dio tiempo, es que, el árbol era tan alto como nuestra inocencia, debí bajar yo primero, ¿Porque Tú, y no Yo?, Yo no debí escribir estas letras... La estaca filosa debió traspasar mi cuello, no el tuyo...





Los muertos no pueden leer...
Si no tienes esperanza, aprovecha...



Win...